lunes, 1 de mayo de 2017

EL ÚLTIMO DÍA DE UN REO CONDENADO A MUERTE

Publicado en El Diario el 1 de mayo de 2017.

He terminado de leer Le Dernier Jour d´un Condamné en una edición parisina muy rústica y hasta ordinaria.
      La otra noche se reunió un grupo de estudiantes de la Universidad pública. Yo asistí a la reunión. En el cenáculo había alumnos de Derecho, Filosofía, Sociología e incluso alguno de Medicina. La charla ―o debate― giró primero en torno a las reformas de que es menesteroso el sistema universitario boliviano y la pedagogía boliviana en sí misma; después, alrededor de las libertades públicas y la libertad de prensa y opinión. La charla se fue acalorando, y las posiciones, enconando. Lo cierto es que pocas cosas hay tan saludables para los pequeños núcleos sociales de una gran sociedad como el intercambio de ideas y razones.
      Había un mequetrefe que si mal no me equivoco dijo que estudiaba Filosofía. Y en medio de la algazara, gritó que un violador de mujeres debía ser condenado a muerte. Yo abrí mis ojos e inflé el pecho para contestarle con un discurso deliberativo, pero la indignación no me dejó pronunciar palabra. O si dije algo solo fue un tartamudeo. Y es que la condena a muerte quizá sea el signo más evidente de la barbarie en toda sociedad que quiera llamarse civilizada.
      Ahora bien: mi argumentación espiritual solo valdrá ante el creyente; “Ante el escéptico nada tenéis que esgrimir”, seguramente me diréis. Nada más falso. Al creyente le puedo decir que nadie es señor de la vida ni juez supremo de las almas. Y al ateo, que un criminal o un convicto de la peor calaña puede tener todavía un papel social en este mundo. Piénsese solamente en los hijos que pudiere criar esa persona, o la esposa a quien pudiere estar asistiendo desde su ófrica celda. Y si el reo condenado no tiene esposa ni hijos, aún puedo esgrimir otros argumentos, si no muy sencillos, sí muy contundentes. La filosofía de los países en los que existe la pena de muerte dice que se elimina al reo para alejarlo de la sociedad; si esto fuese cierto, ¿no sería suficiente con encarcelarlo? Lo que sucede es que detrás existe un trasfondo donde solo campean los sentimientos más viles del ser humano ―odio, rencor― institucionalizados en leyes hechas por los diputados más desaforados y respaldados por el Derecho positivo. Nada más bestial que promover un país de verdugos; nada más bajo que hacer matar a alguien como si fuese un animal.
      Estos sistemas penitenciarios donde la ley permite la eliminación de un reo son los más injustos con quienes reciben la orden de pulsar el gatillo asesino. ¿Son acaso ellos, los que deben disparar después del “Fuego!” de sus superiores, quienes están de acuerdo con la eliminación de un hombre? ¿Por qué la injusticia de hacer matar a quien puede amar la vida suya y la de los demás?
      Es increíble y espantoso el número de Estados cuyas legislaciones todavía contemplan la pena capital. Congresos, cámaras, ekklesias donde se pronuncian los más románticos e hipócritas discursos sobre el Derecho natural y los Derechos Humanos… pero aún no se habla sobre la pena de muerte. Se han puesto de moda las tendencias feministas, que no sé si tendrán o no éxito en la marcha de la sociedad. Pero hora es ya de interpelar la pena de muerte en los países donde se la pone en ejecución. Ojalá estuviera vivo Victor Hugo.

      He escrito lo anterior con la plena conciencia de que Bolivia no ha puesto en el tapete o a consideración de la Asamblea ―a Dios gracias― la cuestión, y con la misma conciencia de que en cualquier momento podría hacerlo.

Ignacio Vera-Rada es escritor

lunes, 10 de abril de 2017

EL RECUERDO INMORTAL DE UN ENCUENTRO


Noventa y tres y veintidós. Así dos generaciones distantes pueden aunar espíritus cuando están bien templadas las clavijas del amor al arte.
      No son muchos los que saben valorar la belleza de un paseo con una dama, el trino de un ave azul, la mirada dulce de un niño o la conversación con un poeta.  “Dios mío! Que dure este tiempo, que duren estas horas!”. Pero tristemente, así como un día no basta para conocer si quiera el ábside de una catedral gótica, dos horas son nada para conocer el rasgo más superficial de un hombre. “Oft erklartet ihr euch als Freund des Dichters, ihr Gotter!”, dice el epigrama goethiano.
      El viernes 7 de abril pude ir a la casa de Armando Soriano Badani.  Al sabor de un café fuerte, comenzamos a hablar sobre aquello que expresa lo que los ojos humanos no pueden ver y lo que ningún sentido puede justificar, la explicación al espectáculo inmenso de la creación: la Poesía. Escuelas, revoluciones, insurgencias, vanguardias prostitutas, qué no le ha pasado al arte! Sin embargo pensad por un instante cuál es la línea maestra, cuál la ley inmutable… Os daréis cuenta que el genio clásico no puede ser superado ni lo será jamás. Por eso el arte está más allá del Bien y del Mal, con él no se hace propaganda social; y por eso es inmutable en el tiempo y en el espacio, su línea rectora no variará nunca. Hay solamente un camino: una ley estética y una ley sintáxica!
      Soriano le ha dedicado su vida a la literatura, a la belleza. Y es el último caballero de Gesta Bárbara sobre la tierra. Es cosa triste saber cómo los grandes valores artísticos se van perdiendo en la marejada violenta e implacable del tiempo. Las letras de Gesta Bárbara están escritas en bronce en los anales culturales de Bolivia. Su legado está en la promoción cultural y en la escritura de decenas de novelas y cuentos y miles de miles de versos. Era un bajel con varios capitanes, bajel que se va hundiendo en un mar donde el fondo no es sino la gloria.
      Donde mi espíritu casi se funde con el suyo es en el desdén por el arte demasiado libre en la forma. Maldición a esos despreciadores de la antigüedad, a los lujuriosos que blasfeman en contra del código artístico! Soriano es un sonetista tan riguroso como lo fueron Lope y Góngora, hizo heptasílabos tan rítmicos como los de Darío y escribió prosas en castellano antiguo como lo hizo quien deseara ser Corregidor de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, Miguel de Cervantes.
      Mi entrevistado cambia el rumbo de la plática y comienza a recitar de memoria uno de sus poemas amatorios; sus heptasílabos sin rima tienen musicalidad y harmonía. Es consciente de la prescindencia de la rima, pero no deja de musicalizar, porque el poeta es un constructor plástico ante todo (poiesis). Y al final de la tarde, cuando el sol ya estaba detrás de la corona de El Alto, me enseñó un último poema que sigue el precepto de la universalización del arte: Notre Dame. “Bajo la noche parpadea el Sena/ con malicioso guiño a mi embeleso;/ un anfibio candil, ágil, travieso,/ mudo se argenta en líquida cadena”.
      Porque la legendaria catedral gótica de Victor Hugo merece la lira de todos los poetas de este mundo.
      Me obsequió su última novela, porque aunque casi un siglo de existencia pesa en su físico y en su alma, no puede dejar de usar su estilográfica. Una bella mujer desnuda cubriendo con su mano su mayor intimidad corporal ―la Venus de Urbino del Tiziano― adorna la tapa del libro. Porque pintores y literatos se unen en esta obra.
       No toméis lo siguiente por inmodestia, pero al final de la tarde le dediqué mi libro de versos clásicos y esto es lo que inscribí en él:
       Para Armando Soriano Badani, amante de las letras, del arte y de la vida, con cariño,



Ignacio Vera Rada




COMENTARIO DE ARMANDO SORIANO BADANI SOBRE MI LIBRO MOCEDADES

...[su] estructura general es de tendencia realista, diferente a los diversos matices del vanguardismo. En verdad, es una poesía con significativa riqueza de lenguaje poético donde asoman recónditas manifestaciones estilísticas tamayanas. Su poesía es intelectualmente estimable por su contenido de visibles proyecciones valorables en nuestro campo literario.
      Oportunamente le haré conocer mi opinión formal sobre su poesía.

 Armando Soriano Badani



lunes, 3 de abril de 2017

NAYJAMA, EL BUSCADOR (Parte I)

Publicado en el periódico El Diario el lunes 3 de abril de 2017.

Agudos y afilados farellones de la meseta y la Hoyada se desnudan sobre la vastedad de esta literatura singular y bella hasta lo indecible. ¿Prosa poemática? ¿Novela? ¿Relatos cortos? ¿Ensayo? ¿Artículos vernáculos? ¿Rapsodia telúrica e india? –Ninguno de éstos y todos a un mismo tiempo. Fernando Diez de Medina es un artista axiomático, un verdadero polígrafo. Nayjama es el pedestal (Gran Premio Nacional de Literatura 1950) que consagra al artista merced a su talento de virtuoso escritor y conocedor profundo del espíritu grandilocuente a la par que silente del Ande americano. Recelad del arqueólogo, del antropólogo, del erudito, cuando os digan que han descifrado la teogonía americana. Quizá el arpista tenga el secreto.  ¿Quién ha escrutado, quién ha cantado la gesta andina? ...La tierra enclaustra y enciende mil historias.
      Vuelvo a los farellones. Son picos erectos que punzan y cortan el aire frío que invita a la meditación melancólica. El cóndor andino, señor de los giros etéreos, les dedica su vuelo majestuoso. Nayjama es el Buscador, el Buscador es Diez de Medina; “¿Pero qué es un Buscador?”, pregúntase el escritor; respóndese al punto: es un perseguidor –y no así un seguidor– de sueños, de gloria; es el alma intrépida que corre tras la savia sabia de la tierra. Si miramos a los clásicos –o al mismo Tamayo!, que es un clásico en alto grado– encontraremos el concepto o la teoría del Genius loci: el alma de la raza es el crisol donde se funde la genialidad amautica de la tierra.
      La eminencia lapídea, arcana y poseedora de la gesta andina en su entraña, invita a la reflexión sesuda: sugiere. En cambio el indio y su tierra semivirginal de cromáticos cambios pardos y azulados son más accesibles al pensador y al artista: revelan. El Illimani es el Caudillo titánico, señor inmemorial de la hoya paceña. Él “nos invade con alteza y pesadumbre de cumbre” si permanecemos quietos. Pero invirtamos el pensamiento que lanza el Buscador respecto al Monte níveo: si bajamos, Él se acrecienta; si subimos, Él se aminora.
      Una digresión necesaria: “Ha pasado una princesa india…” Tawako! La doncella india es la más bella de las que hubo en las etnias prístinas del orbe.
      Haced analogías: la mitología de los helenos es sapiencial, la de nuestros pobladores milenarios de la altiplanicie es poética! El Ande está cargado de energías y vibraciones míticas. Sabedlas recoger. Sabedlas arquitecturizar en la solfa lírica. Tañed la rapsodia aimara. Pachamama (Madre Tierra) y Huayratata (Padre Viento) traban lid en la meseta, ambos quieren la supremacía en al área. Coexisten y señorean uno y otro sin embargo.
      El poblador. “¿Kollas o aimaras, incas o quechuas?”, cavila el Buscador. Los eruditos siguen en discusiones bizantinas. No interesa. Mientras haya una voluntad para auscultar la esencia de los moradores monteses, siempre habrá una ciencia emergente para cantar la historia de los nuestros, de lo nuestro. “Si en algo un son sublime/ se empapa y vibra,/ cual dolor en la fibra/ o eco que gime,/ canto a miriadas,/ auscultad en los Andes/ nuestras Iliadas!”, canta el poeta de América. Y el Buscador siguió el mandato de la seguidilla tamayana para la composición de esta obra.
      “Y si el paisaje es una lira intacta a la espera de los dedos que la pulsen, poeta es la mano misteriosa que arranca sones embrujados a las cuerdas vibrantes del terruño”.

      Esta epopeya vernácula proseguirá.

Igancio Vera Rada es poeta.

martes, 21 de febrero de 2017

BOLIVIA, SU DEMOCRACIA. MANIFIESTO POR EL NO


Un día como hoy, hace un año, acudimos a las urnas para defender la democracia. Lo que hicimos los bolivianos el 21 de febrero de 2016 será de la historia. No es poca cosa, pues, haber defendido lo que en la historia los pueblos han conseguido con sangre y a veces hasta con vidas humanas: la libertad.
      En tiempos pasados, la voluntad de los hombres estuvo sojuzgada y negada; hoy podemos decir que nuestra conciencia decide el futuro de Bolivia. Nuestro país, tan vasto, tan rico, tan bello, pasa por días difíciles. La crisis democrática hoy es una realidad para todo hombre que sabe pensar. Y éste es un fenómeno de toda la región. Parecería que hoy el mundo está dando virajes en lo concerniente al espíritu democrático de las naciones.
      ¿Dónde están los conductores, los líderes, los hombres de Estado? Si es que éstos hoy no están, aquí estamos las muchedumbres y las fuerzas colectivas, asumiendo conciencia de nuestro papel histórico en el desarrollo de los acontecimientos nacionales. La fuerza orgánica de las colectividades, la sinergia que debe haber entre el poder y los gobernados, son cosas que han sido violadas por la embriaguez del poder opresor. Hoy, como hace muchas décadas, vivimos en una política de camarillas y de caudillos. Y éstos son expertos en acallar las sanas corrientes de la opinión plural de los ciudadanos. Son duchos en reclamar lo que no les corresponde. Saben del arte de la maniobra y el dolo. Su objetivo principal es mantenerse en el solio del poder. No tienen ideales y no saben de libertades públicas. Quienes obran así, sirviéndose del Estado y en busca del éxito inmediato, destruyen toda posibilidad de cualquier mejora, posibilidad que es un derecho inalienable para cualquier grupo humano de nuestra tierra. Tiranías injustas! Porque político puede ser cualquiera, solo se requiere ser un demagogo predicador de socialismo, o tener un torrente pasional de ambiciones negativas, o tener sed de poder por el poder mismo; pero ser hombre de Estado, conductor, corresponde solo al virtuoso, al desprendido, al consecuente.
      El occidente boliviano pasa por una de las más graves sequías de su historia. Pero lo cierto es que para las naciones los mayores flagelos nunca fueron las pestes, ni las hambrunas, ni las sequías, sino la mentira y la corrupción que no dan paso al desarrollo y que son la peor calamidad para los Estados con instituciones aún débiles e incipientes. El progreso de las naciones en las que medran caudillos bárbaros es notoriamente inferior al de las naciones que tienen instituciones democráticas vigorosas, porque hombres de Estado han sabido conducirlas y fortalecerlas.
      Lo que recordamos hoy es un triunfo histórico. Hace un año Bolivia le dijo No al bandidismo, a la corrupción, a la mentira desvergonzada, a la opresión hegemónica. Bolivia, lo digo con mucho orgullo, bien puede ser considerada como un bastión de lucha en contra de los gobiernos autoritarios que se han venido sucediendo en buena parte de Latinoamérica. Latinoamérica, desde hace varios años, viene cargando en sus espaldas el agobiante peso del político imprevisor y soportando el ominoso sonido de la sirena de la demagogia. El destino de los pueblos latinoamericanos depende de sus juventudes y de las nuevas ideas que puedan ser posibilidades frente a los viejos modelos políticos que día a día están más desgastados y que ya no tienen qué ofrecer. Nunca hubo tanta corrupción, no ya en el manejo de la hacienda pública, sino en la conciencia; nunca la política nacional se desnaturalizó hasta tal grado.
      Las generaciones jóvenes tienen una gran tarea para la posteridad: saber tomar conciencia de su rol histórico y de su deber para con la Patria. Una nación solamente se levanta cuando hay renovación, renovación en todo sentido: de ideas, de hombres, de conciencias… ¿Hasta cuándo viviremos en un ambiente nocivo en el que los hombres se crean insustituibles? Ya dimos el primer gran paso. Recordad el 21 de febrero, fecha para los anales patrios! La transformación solamente se hará desde el sentimiento y desde el corazón.
      Las crisis siempre estarán presentes en la vida de los pueblos. No nos dejemos desalentar. Pero cuando una de éstas venga a ensombrecer los días, ahí será puesta a prueba la fortaleza y la voluntad inquebrantables que solamente tienen un propósito: la libertad. El hombre, desde tiempos inmemoriales, ha querido conquistar la paz. Lo ha logrado, en cierto sentido. Pero ahora las conquistas se las hace a través de las ideas, de la lucha limpia, de la transparencia, en suma, a través de la democracia. Demos el ejemplo del pacifismo, pero de un pacifismo altivo, firme y contundente. El No expresado hace un año, retrata la voluntad de un país, de una nueva generación; será el aura fresca de Bolivia y, por qué no, de Latinoamérica.
      La voluntad es el principio de toda gran hazaña.
      Salvemos el espíritu democrático de las naciones!

      Y que viva Bolivia libre, soberana y democrática!



Ignacio Vera Rada

miércoles, 25 de enero de 2017

LA TEORÍA DE LOS COLORES DE GOETHE (Parte I)

Publicado en el periódico El Diario el 25 de enero de 2017.

Goethe no ha sido muy bien valorado como científico. Su Teoría de los Colores (1810) constituye -junto con su Metamorfosis de las Plantas- el referente fundamental de su pensamiento científico y de su contribución a la filosofía de la ciencia. La Teoría de los Colores es un libro poco fácil de ser encontrado en las librerías, hecho que demuestra el silencio que se ha hecho en torno a esta obra.
      Siempre que Goethe se veía acosado por tormentas político-bélicas (como la Revolución Francesa) o por tristezas internas (como fue la muerte del entrañable Schiller), se encerraba en su habitación para abandonarse a la ciencia. Después del descubrimiento del hueso intermaxilar de los seres humanos y de la catalogación de algunos tipos de piedras y plantas, Goethe pretendía ser reconocido en el campo científico, cosa que no consiguió, al menos estando él vivo.
      La Teoría de los Colores está escrita en un alemán claro, sin tecnicismos esotéricos, a pesar de que el texto es puramente científico. Después de haber hecho un estudio rápido de la obra, intentaremos dar en las siguientes líneas algunos apuntes y consideraciones acerca de las magníficas ideas del Goethe científico.
      Para Goethe, la ciencia debía seguir un procedimiento intuitivo y de observación, y, en este sentido, podríamos hacer una analogía con el pensamiento del método científico de Comte. Según Comte, la indagación científica debe seguir tres pasos, los cuales son la Observación, la Experimentación y la Comparación.  Aquí nos damos cuenta de la prescindencia que hacen ambos de lo que podríamos llamar nosotros rigor matemático –impulsado por la ciencia moderna-, lo que de ninguna manera pasa al plano metafísico –promovido por la tradición platónica-. En síntesis: ambos pensaban que el conocimiento de la naturaleza se hallaba en la anotación de los efectos que ésta produce en nosotros. La observación tiene un valor preponderante para estos dos científicos, y si bien Goethe hubiese querido servirse de telescopios y aparatos artificiales, prefirió el uso del sentido, del juicio y de la sensibilidad. Así, Goethe se circunscribe en la metodología morfológica y tipológica. Y en conclusión, se llegará al conocimiento científico mediante la descripción fenomenológica.
      Goethe no quiere estudiar la luz en sí misma, sino los efectos que ésta produce en contraposición con los elementos que la refractan u obstaculizan. Sostuvo un prisma y a través de él vio una pared blanca. Sostuvo el cristal por un corto tiempo hasta que se dio cuenta de algo sorprendente. Según Newton, Goethe tendría que haber visto una pequeña gama cromática, pero no fue así; a través del instrumento óptico Goethe seguía viendo el color blanco de la pared, y solo podía ver un ligero matiz de colores cuando miraba cosas oscuras.   
      Desde ese momento se choca frontalmente con las ideas de Newton y asevera que el color blanco no es la síntesis de los colores –como sostenía Newton-, sino que es el principio de la síntesis de los colores. Dicho de otra forma: el blanco no es donde se congregan, sino de donde parten los colores.
      De cualquier modo, las observaciones de Goethe en lo referente a la fisiología de los colores están muy vigentes. Además, el germano describió un efecto subjetivo que la complexión de los colores causa en el espíritu humano a través de visión de las personas.

      Esto y algunas otras consideraciones más que se nos quedan en el tintero será abordado en nuestro siguiente artículo.


Ignacio Vera Rada 

viernes, 23 de diciembre de 2016

LA SOLEDAD DEL ARTISTA



“Yo dejé para siempre la vida de las llanuras”, dice un verso de Henrik Ibsen.
      Un varón piensa y escribe en el Ande. El farallón le protege y le inspira; el cóndor le deslumbra; la raza le impulsa. Se desenvuelve entre las murallas pétreas de la estepa pero siente la fuerza creadora del Gran Celador y del Cerro Blanco; ¡el genius loci del latino! Diez de Medina lanza este diagnóstico filosófico: “Tanto se aproximaron suelo y hombre, que al cabo se unimisman en el abrazo unívoco del cosmos”. Y solfea en el septeto nuestro poeta americano: “El alma de estos montes/ Se hace hombre y piensa./ Tramonta un ansia inmensa/ Los horizontes./ Y en luz huraña/ Más de una sien transflora/ Una montaña!”.
      Así es el artista verdadero. Crear es su consigna, y no importa que viva obviado y sin amigos. Sigue su ley y nada le aleja de su senda. Homero, Dante, Leonardo, Goethe, Hugo, Tamayo, murieron solos. Arte, ciencia, política, ¿qué son? Uno encuentra en ellos bálsamo y también acíbar. Clásico y romántico en el arte, positivo en ciencia y nacionalista y demócrata en política, su niñez transcurrió monótona y grave y su juventud es una búsqueda sin tregua. En el campo, amando la natura se templa el artista y bebe de la lengua nativa. ¿Habéis notado cómo ruiseñor y cóndor se aúnan en la poesía, cómo la Cordillera y el Olimpo maridan sus plectros, cómo amauta y licurgo hienden la harmonía en una sola lira, cómo la india y las musas pueden coexistir en el canto idílico?
      La Paz, la Hoyada. Quien la habita, quien la visita no puede salir de ella porque encanta. El paisaje aéreo, las increíbles geometrías, el dibujo de su Monte Tutelar, todo inspira al creador. Porque genios como Tamayo o Jaimes Freyre habitaron en la planicie altiplánica se puede decir con vehemencia que aquí la maravilla clásica puede aunarse con la gesta andina. Palas Athena y Febo Apolo deben regir la poesía en cualquier lugar del orbe. Para el artista de sangre india y genio clásico el centro del mundo puede estar aquí. Historia, Religión, Amor, todo inspira. Y la fuente inagotable de poesía, el óbito tremendo que abarca la dicha pretérita y el porvenir feliz: Marcelo.
      Eros llega siempre a la vida, no se le puede evadir. Se enamoró de una flor. Era apenas una niña que no llegaba a los quince abriles. No pasó más que un beso.
      Y el artista sigue en su búsqueda solitaria, porque sabe que el que hace arte y no ha escalado hasta la cima donde mora la plenitud intelectual es un insensato. Saber otras lenguas. Estudiar filología. Escribir el castellano con señorío. Porque el alma universal, el “homo universalis”, pretende universalizar su pensamiento.
      La inteligencia germánica, el arte nórdico, no pueden ser ajenos al espíritu selecto. Las notas de Mozart… Le parecía que la vida no tenía más que un único objetivo, solo apretó su corazón un cáliz que era un galardón: saber. La soledad del artista se afincó en la morada de su ensimismamiento. La filosofía de Schopenhauer… Y a veces recuerda y otras corea en su mente los versos eternos de Goethe: “Was ich irte, was ich strebte,/ Was ich litt und was ich lebte,/ Sind hier blumen nur im strauss;/ Und das alter wie die jugend,/ Und der fehler wie die tugend/ Nimmt sich gut in liedern aus”.
     
     Franz Tamayo es para ese hombre lo que fue Goethe para Tamayo y lo que Shakespeare para Goethe.
      Y dijo: “Seré Tamayo, o no seré nada”.


Ignacio Vera Rada es poeta.


lunes, 21 de noviembre de 2016

A CARENCIA DE AGUA, BÁRBARO Y MEDIO



A la hora en que escribimos esto, Bolivia toda debe estar enterándose estupefacta de las determinaciones últimas del Presidente, que no son una medida política –en el sentido elevado de esta expresión– sino una sandez más. Ha llegado, en conclusión, el día de la resolución, después de largos crepúsculos del miedo. Y todos pagamos, finalmente, el diezmo de las almas impróvidas que nos gobiernan.
      Tenía que correr el agua cenagosa y pútrida para que los gobernantes decidieran firmar un decreto que por su ridiculez pasma. Ahora vivimos en un estado de “emergencia nacional” y debemos estar “preparados para lo peor”.
      No soy técnico en el campo ni mucho menos maltusiano; no sé la ciencia de las proporciones y balances, pero cualquier boliviano que tenga al menos uno de sus sentidos en funcionamiento se habrá dado cuenta de la inhabilidad de los que ahora, cuando se ha consumado el desastre, anuncian la construcción de “decenas y centenares de represas”.
       Sí soy ecologista. Pero hoy no acuso a los que no lo son. La entera culpa de esta nefasta situación que vive Bolivia es del gobierno nefasto que la tutela. Porque nuestro país cuenta con cantidades ingentes de agua dulce, porque no me explico cómo no pudieron haber reparado en el nivel de las aguas de la represa que abastece a La Paz. La explicación se halla en diez años de política populista; en derroches ostentosos; en la vida que llevan los funcionarios, bien trajeados y que andan en carros del año; en la moral de hotentote de los partidarios del régimen; en los discursos zalameros abastionando a la Madre Tierra; en los miopes que administran las corporaciones del Estado; en las jugadas embaucadoras de los tartufos del gobierno; en la creación de mil y una instituciones que sirven solamente para el pago de sueldos. En diez años, en los cuales Bolivia ha recibido extraordinarias sumas pecuniarias merced a sus benditos recursos naturales de subsuelo, seguimos siendo de los países más menesterosos y menos desarrollados del mundo. ¡Y si pobres somos, vivamos como pobres!, hasta que gobernantes, estadistas verdaderos, construyan la nacionalidad fuerte que vaya a destrozar la corrupción que obstruye el camino del progreso. Bolivia debe vivir siempre, hasta que deje de ser pobre, en la austeridad. Los hombres tienen perfecto derecho de hacer fortuna, pero esa fortuna debe ser cosecha del trabajo honesto y no de la maniobra política dolosa.
       En poco se construirá una central nuclear y se pretende erigir una central hidroeléctrica, allá en nuestras virginales selvas amazónicas; o sea que es preciso sumar a la desgracia política e institucional el desamparo ambiental, que es más grave todavía. En realidad hacer la lista de todo lo que planea hacer el gobierno del Movimiento Al Socialismo pone los pelos de punta. Y si todo esto fuese poco, la montaña de hielo, el Gran Celador, como yo le llamo, ese monte mítico y tutelar que acaso sea el más bello del planeta, ¡derrite sus nieves por un torno que lo taladra!
      Los que ayer eran los marginados hoy forman una camarilla que medra a costa de los fondos públicos y que brilla por su incapacidad y estrechez intelectual. El predominio de esta clase de gentes explica el atraso en que viven varios países de la América española.
      Y el gobierno del presidente Morales hará lo que sea para permanecer en el poder. Y entonces sobrevendrá una catástrofe institucional y política. Y fatalmente vendrá el enfrentamiento.
      Porque amamos la guerra.



Ignacio Vera Rada es poeta, dibujante, activista político y estudiante de Ciencias Políticas, Historia y Comunicación.